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sábado, 3 de enero de 2026

ECO

 Era 2019 y yo ya sabía.

Sabía qué me acongojaba y de dónde nacían las desdichas. Sabía incluso el día exacto: aquel en que Dios descansa y los humanos nos hacemos trizas.

Sentir y saber al mismo tiempo
es un calvario.
No hay anestesia para la certeza.

Serrano habló de la certeza.
Jung de la soledad al tenerla
La verdad no acompaña:
aísla.

Pero no tengo el WhatsApp de Carl.
Ni el de Miguel.

-Lo necesito por DM-

No hay a quién decirle
“esto”.

Tal vez algún día
estas palabras crucen algo.
Un borde.

Tal vez no.

Solo queda esperar
que el tiempo
no llegue tarde.

Aunque casi siempre
llega
cuando ya no quedas.

 Carta a Pizarnik II (diario de la mente deshecha)


Pizarnik,

hay un temblor en el ojo que no mira.

Un ruido.

Un animal que me escribe desde adentro.


Todo se fragmenta:

la cama,

la palabra,

el yo.


El espejo me devuelve una mujer que no llegó a tiempo a su propio cuerpo.

La escucho pedir disculpas en un idioma que no existe.

Tiene la lengua llena de relojes rotos.


Fui Bukowski otra vez,

me arrastré por la noche buscando una palabra sucia,

una que oliera a verdad,

a piel y a mugre.

La encontré bajo la mesa:

decía soledad con la boca abierta.


Pizarnik,

tus versos laten en mi garganta como insectos atrapados.

No los escupo.

Los dejo hacer nido.


He bebido silencio hasta volverme agua turbia.

He amado hasta ser eco.

He llorado hasta volverme cielo sin luna.


Y aún así —

sigo viva.

Sigo viva.

Sigo viva.

Aunque cada respiro parezca un error de fábrica.


Caricaturizome